Unax y el TDAH
Erase una vez que se era un niño con gafas y pelo revuelto, un niño flacucho, de los que no saben pararse quietos. Nuestro niño era amable y gastaba una cicatriz debajo de la ceja izquierda, fruto de un golpe que casi casi le hace perder un ojo. Este niño llora con cierta facilidad, no le gusta salir de casa, y tiene un cerebro lleno de colores. El niño de esta historia es feliz, todo lo feliz que se puede ser con ocho años, claro. Vamos una felicidad intensa, redonda, brillante y calentita. Lo que más le gusta es construir e inventar máquinas aunque también le gusta mucho jugar en el ordenador o en la tableta. Aunque no lo dice ya tanto le han gustado mucho los trenes y los barcos, en especial los de vapor y los grandes veleros. A veces es muy gracioso el contraste de verle jugar con la tecnología del siglo XXI a historias de hace un par de siglos o más. Escucharle hablar de sus cosas requiere de mucha atención por parte de un adulto, así como ciertos conoci...