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miércoles, 5 de junio de 2013

Héroes cotidianos

Héroes cotidianos
Cada vez me resulta más fácil recoger guantes como el que no hace mucho me lanzaba un colaborador en facebook. Decía algo así como que de la función social de los héroes me preguntasen a mi.

Lo primero que se me ocurre es que un héroe no es alguien anónimo. Nace con el reconocimiento de los demás al haber protagonizado un hecho que se considera extraordinario, audaz con riesgo muerte, por haber logrado un avance o una proeza que ha traído una nueva conquista para la humanidad. Antiguamente los héroes eran los que se enfrentaban a las fieras, a los monstruos, para salvar a alguien. Más tarde eran valientes guerreros que ganaban batallas. En el último siglo han sido sustituidos por aventureros, deportistas, exploradores, tal vez científicos.

Estoy convencido de que hay muchas personas que merecerían el reconocimiento de los demás, pero sencillamente no tenemos noticia de sus acciones.

En realidad los héroes suelen ser nuestras víctimas. Los usamos sin su consentimiento para realizar una función de catarsis social, de elemento de esperanza colectiva, y además esperamos que cumpla el papel que le hemos asignado "a pies puntillas". Pero los héroes se tropiezan con su destino sin buscarlo. Y sencillamente cuando se enfrentan a éste no encuentran alternativa que les impida hacer lo que deben, que casi siempre es mucho más de lo que realmente de ellos se esperaría. Este es precisamente el problema, que a través de ellos buscamos limpiar colectivamente la mala conciencia sobre nuestro egoísmo, nuestra falta de solidaridad y en definitiva sobre la falta de confianza sobre la humanidad.

Héroes por obligación
Pero nadie auténtico busca hacerse héroe, sencillamente llega un momento en el que se encuentra en una situación en la que reacciona de una manera que a los demás nos parece excepcional. A veces lo excepcional no es la acción sino la situación en la que se da. Otras veces lo valioso es que se ponen de manifiesto valores o cualidades que no encuentran espacio en la vida ordinaria para hacerse un hueco por el que hacerse camino de salida.



Con el héroe se da una idealización, subrayamos un aspecto que nos parece y obviamos todos los demás. La manera en la que se comunican hoy en día los aconteceres en nuestra sociedad ayuda mucho a que esto sea así. Pero buscamos referentes entre los demás, personas que hagan cosas que nos gustaría hacer a nosotros. Eso no es heroico. Un gol en un partido, cantar una canción de éxito, inventar un baile nuevo, son a veces suficiente mérito para adjudicar una de las infinitas plazas de héroes que nuestra mediocridad necesita para seguir adelante con cierta esperanza.
Kenenisa Bekele.

Muchas personas tratadas de héroes renuncian a esa denominación. No se sienten tales, solo personas normales que sienten y creen que han hecho lo que otro hubiese hecho en su lugar. Estos son buena gente.

Por lo tanto hay una valoración muy personal de lo que resulta heroico y además, también, otra de carácter cultural o colectivo. Pero en realidad la heroicidad nada tiene que ver con la repercusión mediática de lo sucedido, es tan solo una acción extraordinaria de ayuda desinteresada a otras personas. Revisemos nuestra lista de particular y sobre todo llenémosla de héroes cotidianos, de gente cercana, tengo la impresión de que nos irá mucho mejor.

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