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martes, 24 de septiembre de 2013

Errores trágicos y sentimiento de culpa.


Accidente del Alvia
Vivimos con normalidad, sin excesivos sobresaltos, días que no te sorprenden. Se termina generando una especie de bruma de rutina gris en la que nuestros pensamientos y nuestros actos se deslizan por un deambular plano. Cuando algo lo rompe, la monotonía salta rota en añicos para retratarnos, tocarnos y, a veces, herirnos para siempre atravesados por el sentimiento de culpa. Muchos buscan en las vidas ajenas una salida al tedio de la propia, encontrando verdadero interés en sucesos que poco o nada tienen que ver con su vida. Encendemos nuestra conexión con aquello que nos despierta morbo con el mando a distancia. Pero no es de esto de lo que realmente quería hablar.

Llevo tiempo siguiendo noticias sobre personas que cometen errores trágicos. Este verano ha sido el del accidente del tren Alvia en Santiago. Pero mi interés comenzó ya hace años con la muerte de un bebé en el interior de un coche. Estoy seguro que no soy el único al que estas noticias no dejan indiferente. Soy consciente de que se tratan de hechos que marca, que dejan en los responsables una huella indeleble, definitiva. Inicialmente sentía desasosiego por el dolor de las víctimas, cierta incapacidad de enfrentarme al hecho inexplicable. A veces una duda disfrazada de pavoroso miedo me impide leer sobre estos sucesos, como si de alguna forma fuera yo el protagonista y evitara el dolor de verme identificado. Supongo que siempre hay detalles en nuestras biografía que nos unen a esas tragedias y que permiten que tomen múltiples formas todos los fantasmas que habitan en nuestros temores. La primera vez, con el caso del niño de 3 años, viví durante días una lucha interior por desear saber más y una necesidad de olvidar rápido, de alejar semejante sorpresa de mi cotidianidad. La vida sigue y nuevos hechos, nuevas historias, preocupaciones que debes atender hacen que retornes a una rutina recibida, este vez sí, con alivio.

Errores trágicos
De esto hace ya un tiempo. Pero estas historias suelen regresar a visitarme. Hoy se que soy como el padre de ese niño e intento imaginar las dificultades por la que está pasando. Hoy ya he hecho que esta historia forme parte de mi. Se que se trata de un hecho de los que merecen nuestra atención y que, a mi entender, dan muestra de lo absurdo que puede llegar a ser el vivir. El sinsentido tiene también espacios y huecos entre nuestras vidas y debemos saberlo para poder luchar efectivamente contra él y no dejarnos llevar por su oleaje. Hoy creo que tengo enfrente un hecho digno de ser oído, digno de ser analizado, digno de nuestra atención.

Entiendo que es fácil juzgar sin saber, y que es reconfortante condenar sin juicio previo. Pero así nunca aprenderemos las enseñanzas que nos traen las sorpresas de la vida, solo aplacaremos nuestra ansiedad, nuestra incomodidad ante la desesperanza. Los padres y los familiares del niño, que era como el mío, se están manejando con la tormenta que los demás vemos desde la barrera con el privilegio de no sufrir sus consecuencias. Y, ciertamente, si desde donde estoy soy capaz de querer huir de lo que ha sucedido no puedo imaginar la tortura del padre, de los abuelos y de la madre del que se fue un verano junto a la ría de Bilbao.

3 comentarios:

  1. Sincera y consecuente reflexión la que nos dejas. Yo no creo en las casualidades y te explico: ese mismo día un tren salía para encontrase con la muerte y otro tren partió de Madrid con destino Algeciras en el que me encontraba yo... Que os voy a decir lo que sentí cuando llegue a Algeciras y con los míos, comentaban la tragedia del otro tren que no cogí...
    Yo ya lo tengo claro... unos tienen que morir para que otros vivan y lo mas triste es, para que vivan a lo grande a costa de los recortes que nos hacen, sobre todo en seguridad, en el mundo del trabajo. Y lo que tengo más claro es: que si yo puedo comer todos los días es a costa de los seres humanos que se mueren de hambre por los continentes sin que nadie le interese cambiarlo. La iglesia en la que creí muchos años me ha demostrado que todo lo que predican esta hecho desde el poder sobre el otro.. y esa no es la verdad ni se le parece.
    Gracias por mantener esta ventana abierta. y por la gran labor que realizáis.

    un abrazo

    Antonio

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  2. Hola Pablo y Antonio...interesante el post sobre los trágicos errores involuntarios y sus efectos...pero yo estos días ando dando vueltas a otro tema a cuenta del brutal asesinato de Asunta. Hay muchos aspectos que me preocupan, a ver si soy capaz de expresar alguno...

    Primero, dos personas con cultura, con buenos curros, que incluso después de separarse se llevan bien, que adoran a su hija, que son envidiados por todo el que les conoce...suponiendo que ellos sean los responsables, que, de momento, es lo que parece...¿Ya tenían el gen "asesino" de antes y tenían a todo el mundo engañado? ¿O bien en algún momento se produce una "mutación" que hace que gente aparentemente "normal" pueda cometer atrocidades...?

    Si la respuesta es la primera...cuidado...cualquiera de nuestros amigos puede esconder algo terrible...

    si es la segunda, peor todavía...¿quién me asegura que el año que viene no voy a ser yo el que la lie?

    Inquietante

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  3. Felicidades Pablo por el Blog.
    Gracias por compartir estos artículos y ayudar a concienciar de la importancia de las emociones en cualquier esfera de la vida.

    Fdo. Dr. Alberto Blázquez Manzano
    http://albertoblazquezmanzano.blogspot.com.es
    @Dr_Blazquez

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