Red de colaboradores

Si disponéis de 5 minutos os invitamos a colaborar en el estudio que estamos haciendo pinchando en el enlace dentro de la pestaña CUESTIONARIOS. Todas las personas interesadas en formar parte de la red de colaboradores ponganse en contacto indicándonoslo a través del mail: emocionarse@gmail.com

Si además os interesa compartir reflexiones sobre cómo mejorar nuestras emociones en la pestaña RED hay una propuesta interesante a la que os podéis sumar.

jueves, 17 de octubre de 2013

Una cara positiva de la rabia

Navegaba ayer por la red y me encontre con este post sobre rabia del enredador Asier Gallastegi. Pensaba comentar algo en su blog pero rápidamente me he dado cuenta que no me cabía, que son tantos los resortes que sus palabras me mueven que incluso aqui, entre las paredes de este blog-hogar, voy a tener que moderarme.

Lo primero es agradecer que me cite como amigo y, luego, como especialista en inteligencia emocional. Las amistades son extraños caminos no elegidos pero disfrutados, como improvisaciones relacionales que salen bien por el disfrute mutuo. Con Asier he recorrido algunos muy bellos en los que nos hemos ido conociendo. No se cuanto de experto soy en la temática emocional pero sí es verdad que me apasiona y que saber, aprender e inventar más sobre ello, sobre el desarrollo emocional, me llena.
Rabia

 Pero el tema de hoy es la rabia.

A priori parece que no es una emoción positiva pero si la observamos de más cerca la perspectiva cambia. Es fácilmente confundible con la ira o con el enfado, con la estupefacción, la contrariedad o con la indignación, tal vez con la culpa. Y es verdad que son emociones emparentadas. Partimos de la base que la emoción es una reacción inicialmente automática, es decir, esponánea, auténtica en el sentido de que no hay control del pensamiento, que nace del sistema nervioso simpático. Esa respuesta visceral, de las tripas que diría Asier, poco a poco va "incorporando" elementos racionales que la modulan a veces para enriquecerla, a veces para envenenar la emoción original.

A mi me gusta la rabia, siempre me ha gustado la gente que lucha, que pelea las batallas aunque sea para perder con dignidad. La rabia enciende, pide acción, motiva desde el dolor. En el mundo del deporte se habla del pundonor, de actitud, de intensidad haciendo referencia a algo cuyo componente emocional se asemeja a la rabia. Porque un deportista que compite necesita esa emoción para sacar de sí mismo lo mejor.

La acción vinculada a la rabia busca resarcirse de un dolor, en el caso anterior del deporte es la derrota. A veces el dolor no se ha producido aun pero la posibilidad de que llegue puede original la rabia. Pero el tipo de dolor también es importante. Fuera de lo deportivo la rabia no surge tan claramente ante la pérdida como con la injusticia, como antesala de la impotencia o de la ira. Si nos quedamos con la rabia, si no la sacamos fuera, el silencio la convierte en enfado o en tristeza. Si sale de nuestra piel y va de nuestra mano la rabia puede dar forma a una acción de queja, de lucha, de expresión del malestar, de busqueda de nuevos caminos con los que alcanzar los objetivos o a través de los que paliar los efectos negativos del daño sufrido. También la rabia, mal guiada, puede derivar en ira  y con ella en agresión o insulto.

Un tema interesante que apunta Asier es el de las emociones prestadas, es decir aquellas que sentimos por lo que les pasa a terceros. Técnicamente no estoy muy de acuerdo con el concepto aunque me parece muy sugerente explorarlo. La emoción no puede ser fingida, y si lo es ya no es emoción. Es verdad que podemos sentir rabia por lo que sucede con otros pero solo es auténtica si yo me siento parte real del otro. Pero sucede que, el dolor ante el que reaccionamos con rabia, puede tener que ver con algún tipo de valoración de nuestras capacidades, acciones, ideas o sobre nuestra vinculación con otras personas o causas. Si la injusticia me genera rabia es porque me agrede, me daña en la parte que yo soy colectividad.

Hacer rabiar
Aprovechemos pues la rabia y, si es posible, que haga equipo con la ilusión. De esa manera nos conduciremos con la energía de nuestras emociones por el camino del desarrollo personal y colectivo. Un camino interesante para aprender es el de desandar, trastear en las tripas, desmontar y ver lo que hay dentro. En este caso os propongo mirar qué pasa cuando lo que  nos genera rabia antes no lo hacía, o cuando sencillamente deja de hacerlo... 


Un último apunte.

Mi madre suele hacer rabiar a sus nietos.

De hecho sabe muy bien cómo hacerlo con cada uno de ellos. Siempre me ha parecido una fantástica manera de educar para lograr una sociedad con menos problemas de tolerancia de la frustración.

2 comentarios:

  1. Me gusta mucho el enfoque conceptual que se ha dado a la emoción de la "rabia" en este intercambio de posts entre blogs (entrenando emociones<---------->korapilatzen) La rabia no como una emoción negativa, sino como -recordando las palabras de Paul Ekman- una emoción constructiva o destructiva según el contexto.

    Porque la conceptualización bidimensional de las emociones: emoción negativa Vs emoción positiva; es errónea. No hay emociones "buenas" o emociones "malas", todas tienen una función en la regulación del comportamiento.

    Solo una pequeña enmienda, si se me permite, a lo dicho. Comentas que "la emoción" es una respuesta automática que se elicita sin necesidad de intervención del pensamiento. Bueno, esa forma de interpretar la naturaleza de la emoción es correcta si se asume una teoría no-cognitivista de la emoción. Pero hay teorías cognitivistas de la emoción que aseveran que las emociones están causadas y constituidas por un cierto tipo de proceso psicológico, eso que llamamos "pensamientos". Es decir, para toda respuesta emocional ha de existir un juicio de evaluación (appraisal). En este sentido, por ejemplo, desde una teoría cognitiva de la emoción la rabia se sigue del pensamiento de que alguien ha cometido una injusticia conmigo o con las personas que quiero.

    Puede parecer contradictorio una aproximación cognitivista a la naturaleza de la emocion porque todos pensamos que una emoción es automática y rápida: vemos un oso y echamos a correr o nos paralizamos del miedo (sistema simpático). Pero los cognitivistas llaman la atención de que si fuera así, entonces porqué las personas responden de una forma emocionalmente distinta según los objetivos, expectativas, e importancia (elementos cognitivos) de la situación para las personas.

    Gracias y enhorabuena por el blog.

    ResponderEliminar
  2. Anibal!!!!! Eres todo un descubrimiento!!!! Me alebro mucho de haberte tropezado y de hayas disfrutado de nuestro trabajo artesano.

    Coincido plenamente con todo lo que indicas. La nota que haces sobre la naturaleza "automática" de la emoción daría para hablar mucho más de lo que me cabe en el post. De todas las maneras es muy interesante que descubras a los demás lectores campos que explorar y por los que seguir haciéndo preguntas.

    Con tu permiso recomiendo tus webs:
    http://neuropsicologianet.blogspot.com.es/
    http://sapereaudere.blogspot.com.es/

    Un abrazo.

    Pablo

    ResponderEliminar

Se ha producido un error en este gadget.

Visitantes