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lunes, 24 de noviembre de 2014

Una historia sobre psicoterapia

Consulta en las nubes: psicoterapia y dejar marchar.
Me gusta la psicoterapia. Me permite bucear en los procesos de cambio de las personas con la función de hacer un acompañamiento profesional. Hace un mes mal contado retomé mi actividad como psicólogo y he tenido la suerte de atender a varias personas en consulta. Hoy me gustaría hablar de una de ellas.

Como la única publicidad que he hecho ha sido a través de una pestaña en este blog la primera persona que llamó a la puerta necesariamente fue un seguidor de “entrenando emociones”, uno de los veteranos.

Acompañar personas es ponerse a su lado. En el caso del terapeuta se trata de ayudar a entender lo que sucede, se trata de explorar los mapas cargados de opciones hacia el futuro o de dibujarlos juntos cuando no los hay, también de motivar hacia el cambio deseado, o de velar por los objetivos de la persona que nos contrata. Pero hay algo más de lo que se habla menos. La psicoterapia no es un proceso fácil porque nos enfrentamos con problemas y con las emociones negativas, con el dolor en particular.

La semana pasada me despedi en consulta de la primera persona que llamó a mi puerta. Su planteamiento era sencillo. No deseba sufrir más de la cuenta, ni siquiera por una hipotética mejora. Hoy convivo con la duda sobre si utilicé todos mis recursos para cumplír adecuadamente con mi misión. Solo se que respeto profundamente su deseo. Siempre quedan tareas pendientes y no todas tenemos que hacerlas el mismo día. Antes de marchar el dijo algo que me impactó. Volveré cuando no pueda huir de lo inevitable (o algo así). Yo me quedé pensando y no dije nada. Hoy se que llegado ese día mi mano estará para acompañarle hacia el destino que corresponda.


Cuando tu eres la herramienta has de aceptar que hay una mano que también decide que no es la tuya. Por eso hay veces que el acompañamiento profesional debe cesar. Soy de los que no se da por vencido fácil pero en psicoterapia el esfuerzo y el sufrimiento lo pone prinicipalmente el otro. Hay un espacio de decisión que los profesionales nos reservamos, por supuesto, un espacio que tiene que ver con lo saludable. Acompañar también significa saber dejar marchar, aunque esto pueda verse como un poco contradictorio. Por eso ganan valor sus palabras reconociendo que puede haber un momento en el que retomar el camino...

Se me ocurren algunas preguntas al hilo de esta pequeña historia:

¿Realmente sabemos dejar marchar? ¿Cómo es nuestro proceso de aceptar las decisiones de los demás?

3 comentarios:

  1. Creo que lo dijo Sara Mago (y si no alguien tan listo como él) "he dejado de intentar convencer a los demás, es un intento de colonizarlos..." (algo así pero mejor dicho...)

    Creo que todo lo "ajeno" (lo del otro) lo pasamos por nuestro "esquema de valores" y aunque hablamos mucho de empatia y cosas de esas...podemos llegar a conectar, a "ponernos en sus zapatos"...pero no hacemos lo (que deberia ser lo) más sencillo: SEncillamente escuchar sin interpretar y respetar lo escuchado...

    Zoroionak en tu "nueva" andadura...

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  2. Gracias a ti, por aportar, como siempre!!!!

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  3. Una de las cosas que más cuesta trabajar es el desapego a las cosas, a las personas. Pero si lo consigues sientes una gran libertad.
    Hay que dar tiempo a cada persona para que encontrar su fuerza e introducirse en su parte oscura. Ya llegará ese momento, como te ha comentado tu paciente y de volver contigo si lo necesita.

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