Psicología, emociones y big data

Emociones y big data
Hace tiempo que el futuro ha llegado. Tal vez no lo sepamos o, aunque lo hagamos, tal vez no nos hayamos dado cuenta de lo que significa. De hecho el presente es el futuro que justo acaba de dejar de serlo... Bueno, me temo que no era de esto de lo que iba  a hablar.


¿Qué puede hacer un psicólogo buceando en los oscuros universos del big data? Hace unos días atendí la petición de un medio de comunicación que quería mi opinión sobre los resultados de un estudio. Unos matemáticos habían realizado una investigación en la que habían puesto a resolver diversos problemas a un conjunto de personas trabajando en parejas que cambiaban con cada problema. Los resultados fueron procesados y generaron un algoritmo que permitió agrupar a los participantes en cuatro tipos en base a cómo se comportaban en todas las combinaciones de compañeros posible: el envidioso, el colaborador, el bondadoso y el egoista. Independientemente del estudio hay muchas cuestiones que me he preguntado a raíz de este trabajo.


¿Qué se puede saber de lo esencial de cada uno de nosotros con los datos acumulados en el ciberespacio? ¿Se podría saber el estado de ánimo de una colectividad? ¿Se podría modificar el pensamiento, la emoción o la acción de las personas con actuaciones inspiradas en los datos almacenados de cada individuo?


Si todas estas preguntas te parecen fantasiosas no solo te invito a leer la investigación referida antes, sino que te pido que mires estos enlaces y luego te pongas a intentar responder la pregunta con sinceridad:

- Existen ya robots que son capaces de escribir novelas o generar conversaciones que pasan por ser humanas.
- Hay aplicaciones que registran las emociones de las personas en tiempo real y ubicadas con su correspondiente ubicación.
- Hay empresas como VIPSCAN con algoritmos que pueden predecir ciertos comportamientos a partir de una serie de datos base.


No me cabe la menor duda de que antes o después veremos a psicólogos usando el big data para ayudar a las personas y a la sociedad. Los riesgos son evidentes, al igual que las oportunidades que se abren. Si entendemos que la emoción surge en un contexto nos daremos cuenta que teniendo acceso a datos significativos de éste podemos inferir las emociones vinculadas. El camino hacia la predicción a través del big data ya está abierto.

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