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domingo, 8 de abril de 2012

Emociones y procomún

Procomún
Sigo con mucha atención y con más interés el desarrollo del movimiento del procomún. Se trata, en resumen, de preservar que la humanidad siga siendo propietaria de elementos como el aire, mares, las calles, la biodiversidad, internet, y de cuanto se entiende como bien común universal. Uno, que ya tiene sus años, ha sido testigo de muchas iniciativas para promover la comunidad. De hecho crecimos intentando desarrollar los barrios a través de la animación sociocultural y del desarrollo comunitario de la mano de gente como Marco Marchionni o Ezequiel Ander Egg. Estamos ante una nueva alternativa al modelo de sociedad en el que vivimos actualmente y que no hay duda que está en cuestión. Además son muchos los que nos advierten como Enrique Dans que "todo va a cambiar". Quiero conectar elementos de ese movimiento con algunos de los planteamientos fundamentales  que defendemos y trabajamos desde entrenando emociones. En concreto la función del entrenamiento emocional en la construcción del procomún.


El espacio común.

Lo común, lo compartido, lo de todos, nos une, siempre lo ha hecho, y siempre ha existido. Desde que eramos manada en la prehistoria, hasta los trabajos comunales de la edad media nuestra supervivencia y nuestro desarrollo ha estado vinculado a lo común. Pero sucede que hemos ido olvidando el valor de su función gracias a los cantos de sirena de una concepción de lo individual desvinculada de los demás. ¿Pensábamos que podríamos seguir siendo nosotros sin los otros? El ser humano es esencialmente social a la vez que individuo, es miembro de una comunidad, de una red, de un espacio en el que interactuar. Las playas del procomún (hondantzan) son lugares de colaboración, de reconquista de lo común, de construcción de alternativas para la humanidad.


Emociones compartidas ( y participadas)

Microfinanciación.
Quiero poner ejemplos de situaciones sociales en las que se dan emociones compartidas intensamente y que seguramente algunos podrían decir que conforman un patrimonio común. En primer lugar podría ser la pasión rojiblanca con la que Bilbao sigue los éxitos deportivos de su equipo de fútbol hasta el punto de engalanarse con sus colores durante semanas. O el fervor con la que muchas personas viven la Semana Santa o la devoción que despiertan por ejemplo la Virgen de Guadalupe o la del Rocío entre otras. Por último mencionaría el estallido espontáneo que supuso el movimiento del 15M también conocido como "los indignados" y sus distintas variantes en distintos lugares del globo. Cuando compartimos emociones activamos la parte comunitaria de cada uno de nosotros y se da la participación. La pregunta relevante en el este contexto en qué emociones compartidas podrían ayudarnos a construir una sociedad que valorara la preservación de ciertos elementos comunes. Y puestos a preguntar cómo podríamos estimular la aparición de esas emociones llamémoslas "procomunes". El espacio emocional compartido relacionado con el procomún creo que aporta un valor añadido a la construcción de comunidad, de una sociedad con valores renovados.


Emociones procomunes .

Colaboración
Hasta la fecha la revolución o el cambio ha estado vinculado emocionalmente a sentimientos como la ira, la injusticia o la indignación entre otras. Los cambios significan un enfrentamiento que suele ir vinculado a lo que se denominó la espiral de la violencia. Es evidente que en estos momentos se plantea la posibilidad de usar otras estrategias en las que la construcción a través de la colaboración libre sea la clave, configurando estructuras organizacionales en el que el fin sea también un estilo de relación entre sus integrantes, o porque no, con la ambición de la tercera línea de investigación de la psicología positiva diseñando organizaciones en las que las personas seamos felices. En esa línea simpatizar, identificarse, solidarizarse son emociones que vinculan en positivo y por ello pueden ser muy útiles en esa construcción colectiva. Sentir ilusión, estar esperanzado, dispuesto y animado son sentimientos que contribuyen con energía emocional a recorrer caminos de cooperación y colaboración. Estar abierto, sentirse flexible, activo son otras emociones que podríamos considerarlas adecuadas  al estilo y a la tarea del procomún. Todas ellas son emociones comunes que ayudan a construir espacios comunes. Curiosamente estas emociones se ponen en juego, se activan y se entrenan en contextos comunitarios por lo que en la medida que consigamos que los ciudadanos conecten con estas emociones estaremos propiciando prerequisitos del trabajo colaborativo del procomún.


Proyecto Colaborabora


Recomiendo curiosear el proyecto colaborabora.

3 comentarios:

  1. Aupa Pablo.
    Interesantes temas y conexiones.

    Hace 10 días estuve en Valencia participando en PERIFERIES, en un open space sobre una pregunta muy interesante ¿Podemos hacer de una práctica colectiva una experiencia común? Copio aquí un link a algunas 'conclusiones' de mi grupo: http://www.colaborabora.org/2012/04/03/de-lo-colectivo-a-lo-comun/ Hablamos de cosas relacionadas con lo que comentas.

    Otro hilo del que tirar, es cuando hablamos de fútbol y religión, es cierto que hay comunidad, que hay mucho potencial, pero habría que analizar los valores sobre los que se sustentan, si son inclusivas y emancipatorias o qué efectos tienen sobre su entorno. Temas complejos y llenos de matices, más allá de prejuicios e ideas preconcebidas (yo tengo muchos;).

    Y justo hoy nos vamos a Sevilla a participar en el festival Zemos98, que este año se titula CopyLove y va sobre Procomún, Hamos y Remezcla: http://www.14festivalzemos98.org

    Hago aquí un pequeño resumen de los fundamentos: Procomún es Hamor, Hamor es Procomún. El procomún se está instalando cada vez más en nuestro imaginario, probablemente porque supone una alternativa ilusionante respecto al sistema imperante. Pero, para que exista procomún debe existir una comunidad, y para que exista una comunidad se necesita Hamor, escrito con H, de dejarse Habitar por el otro. Más allá de sentimentalismos, el Hamor como aglutinador de afectos, de solidaridad, de emociones, de cooperación, de vulnerabilidades e interdependencias que dan como resultado subjetividades en el seno de una comunidad, que incrementan exponencialmente nuestro poder para actual como tal.

    CopyLove es pasar de lo singular de cada un*, a lo colectivo y finalmente a lo común, para permitir el aprendizaje expandido, la transformación, el contagio viral, la remezcla. Hacer el Hamor para que emerja la 'cuidadanía', que por fin ponga la vida en el centro, una vida que se dirime en la vida misma. Conocer prácticas que no son universales, ni se activan de forma generalizada, pero que en diferentes grados y de diferentes modos, las comunidades llevan(mos) a la práctica de forma naturalizada y, por tanto, invisibilizada. Aprender de comunidades contemporáneas que escuchan la memoria para activar un código común que las mueva a la acción; que tienen como sustrato la confianza mutua y el cuidado colectivo; donde lo individual y lo colectivo conviven potenciando la diversidad incluyente, permitiendo el desarrollo libre, personal y comunitario. Una excusa para hablar de cómo funcionan nuestras comunidades, cómo nos cuidamos y nos queremos entre nosotr*s y a nuestro entorno. Y poner en valor todo eso que los feminismos llevan años enseñándonos.

    CopyLove es un proceso transdisciplinar, abierto en el tiempo, en la participación y en la devolución colectiva de los aprendizajes producidos. Metodológicamente nos basamos en la idea de residencias (en la línea de proyectos anteriores como Dinamik[tt]ak o Kit-Krak), puesto que valoramos vivir una experiencia conjunta y lo que esto conlleva: compartir un tiempo de calidad, llevar a cabo una convivencia estrecha, y por supuesto comprometerse con implicación y dedicación. Cada residencia está compuesta por: un equipo de ideación/coordinación/facilitación, un grupo de trabajo formado a partir de una convocatoria abierta y una serie de invitad*s para cruzar sus experiencias propias (personales y/o colectivas) con el trabajo realizado por el grupo.

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  2. Un placer este diálogo, R!!! Después de leer las conclusiones de PERIFERIES que mencionas me gustaría compartir algunas impresiones:

    - Simpatizo con la creación de nuevos códigos relacionados con nuevos conceptos y/o nuevos métodos. Creo que a la vez es necesario ser didáctico con respecto de ellos para que cuanta más gente pueda seguir el discurso que se va generando.
    - Si la aspiración es la de construir una alternativa harán falta diseños, estructuras, procesos más allá del empleo de las herramientas. El no modelo debería ser un transito hacia un modelo o varios modelos con los que ir construyendo común.
    - Resulta genuina la contradicción entre la metodología open space y la dependencia de los dinamizadores. Me suena muy ejemplificante del momento del movimiento procomún, así como de los retos que se han de superar.

    Coincido en que hay espacios colectivos con un enorme potencial pero desaprovechados como elementos de apoyo al procomún. Hoy por hoy me resultan más motivos de esperanza que realidades alternativas.

    Quedo atento de los resultados del festival Zemos98 que me da muy buena pinta y que enlaza mucho más directamente con el contenido del post.

    Gracias por pasar, tomarte algo y charlar.

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    Respuestas
    1. Aupa Pablo.
      - Seamos didácticos, pero en un proceso de aprender en común, para eso, hay que tener espacio de encuentro, hacer cosas, pero además leer y comentar. Me preocupa lo mucho que nos cuesta en general leer.
      - El acceso a herramientas conceptuales y de bricolaje, nos servirá para poder construir nuestras propias estructuras (ya iremos viendo cuales) y que no nos vengan dadas ni sean el universo formateado tipo Ikea.
      - Los espacios de mediación emancipatorios necesitan tiempo. La mediación debe saber cuando aparecer y desaparecer, no hacerse dependiente. Medir ese papel intermedio e intermitente, no protagonista, para mi es el trabajo más difícil de quien hace la mediación (al menos a mi es lo que más me cuesta).

      Me voy corriendo que empieza Zemos98!!

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