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domingo, 14 de octubre de 2012

Riqueza (emocional) contra el aburrimiento

Estímulo visual
He aprendido que la observación es mucho más que un método de conocimiento. En mi caso se ha convertido en una fuente inagotable que alimenta mi curiosidad a la vez que me sirve para ejercitar la empatía. Años de miradas curiosas me han llevado a reflexionar mucho sobre las causas de situaciones que parecen causantes de infelicidad. A una de ellas le dediqué un post hace ya un tiempo, concretamente se trata del aburrimiento, entendiendo que mi preocupación tiene que ver con las implicaciones negativas que entendía que tenía para quienes los sufren. Básicamente orientaba ese primer relato hacia claves que puedan explicar qué es ese sentimiento y, sobre todo, qué hacer para combatirlo.

Hoy la propuesta es dar un paso más y golpear en la línea de flotación al efecto más perverso del aburrimiento que es la apatía, la inactividad y la atonía emocional vinculada a ella.


Un cuento sobre la riqueza emocional.

La primera propuesta es abrir boca con un cuento titulado "El hombrecito vestido de gris". Se trata de una historia que da título a un libro de Fernando Alonso y que siempre me ha encantado. Narra la vida de un personaje gris. La vida gris, rutinaria, que impide un crecimiento personal, vivida en un contexto que no estimula el desarrollo termina afectando a las emociones pintándolas de ese mismo color gris. En el cuento el hombrecito vestido de gris, que en realidad es un verdadero arco iris en su interior, trata de cambiar su vida, y mientras lo intenta nos muestra las dificultades del camino.

El cuento muestra a un personaje insatisfecho esclavo de una rutina que no le hace feliz. Un día intenta cambiar dejándose llevar por aquello que más le gusta. Pero este cambio le trae problemas. Tantos que le sitúa en una encrucijada. Supongo que nada que no hayamos vivido todos muchas veces en la vida. Es interesante ver cómo acaba el cuento...pero no seré yo aquí quien lo revele...


Riqueza emocional
La emoción de la acción.

Hacer, apostar, caminar, explorar genera un rico conjunto de estímulos cuyos efectos beneficiosos no tomamos en consideración con la suficiente contundencia. No hace mucho y dentro del marco de la jornada #Gorabide2062 asistí a una conferencia de Andy Rinnion (Director del Rix Center) sobre la importancia de la aplicación de las nuevas tecnologías en la intervención con personas con discapacidad intelectual. La principal conclusión me resultó reveladora puesto que su experiencia constataba la importancia de la estimulación de estas personas a través de las nuevas tecnologías. Habían conseguido grandes mejoras personales en áreas tan importantes como la autoestima y la autonomía. Esta revelación rápidamente conectó con mi convencimiento de que la vida es acción, un recorrido jalonado de luces y sombras que no nos deja indiferentes, y que sacude nuestras emociones.



Riqueza emocional.

El estímulo es una oportunidad siempre que estemos en disposición de poder interactuar con él. En realidad nunca es único sino que se nos presentan en conjuntos estimulares complejos con los que conectamos casi permanentemente. La riqueza emocional pasa por la reacción ante este conjunto de universos internos y externos que nos sacuden y nos permiten descubrir nuevas fuentes de emociones positivas de las que beber. Así el desarrollo personal nace de la percepción de esos estímulos como oportunidades, de la decisión de enfrentar los retos que se nos plantean, de la actitud de que la experiencia resultará globalmente positiva por el poso de aprendizaje que nos deja. La gente rica tiene la mente abierta, afronta riesgos y es optimista. Los obstáculos provienen de los miedos, de la inseguridad, de la comodidad o de la negatividad.
¿Un escudo, un ojo...?

Es importante mantener en forma la capacidad de descubrir conexiones nuevas entre estímulos cotidianos y deleitarse con ese ejercicio. La creatividad se entrena, al igual que la riqueza personal crece paralela a la capacidad de aprender de la diversidad que puebla nuestro mundo.

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