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miércoles, 20 de agosto de 2014

La intimidad y los smartphones, la comunicación emocional en el siglo XXI

Inteligencia emocional y "smartphones"
Me acerco al medio siglo de vida. Seguramente por eso ya soy capaz de ver cómo ciertas cosas han ido cambiando mientras mi vida ha ido avanzando. Una de ellas, sobre la que me gustaría compartir algunas reflexiones, es la incidencia de los teléfonos móviles con conexión a internet, los conocidos smartphones, en la percepción de la intimidad de las distintas generaciones.

La pregunta con la que arranco es: ¿cómo es la convivencia entre los sistemas de comunicación tradicional y los virtuales?

La intimidad es, entre otras cosas, una sensación, y por ello forma parte del mundo emocional. Sentimos intimidad cuando nos comunicamos de manera en la que se pone en juego aspectos muy personales, profundos, importantes y/o esenciales de la persona. Entendemos, por ejemplo, que la vida sexual, la vida de pareja, la vida familiar son contextos en los que necesariamente se tiene que dar este tipo de comunicación. La intimidad tiene un componente cultural que está cambiando contínuamente. Esta dimensión se ha visto influida por los nuevos sistemas de comunicación digital como el que nos ofrecen los smartphones. Pero no debemos olvidar que éstos necesitan en cualquier caso que los usuarios los usemos con inteligencia emocional.

La intimidad en la era de los "smartphones"
Como en todo acto con intención comunicativa siempre hay varios elementos que tener en cuenta como el hecho de que tal vez yo esté viviendo una situación como íntima pero mi interlocutor no, o que el escenario en el que se produce la comunicación no sea adecuado. En ambos ejemplos los teléfonos inteligentes han modificado la situación con su aparición. Veamos cómo:


1.- Multiconversación.
Uno de las novedades de las tecnologías de la información y comunicación aplicadas al ámbito emocional es la posibilidad de mantener múltiples conversaciones paralelas. ¿Cuantos chats de Whatsapp podéis mantener a la vez? Y de ellos ¿cuantos pueden tener contenidos íntimos? ¿O cuántas veces en el escenario de una conversación emocionalmente intensa la habéis interrumpido para consultar un mensaje o un correo electrónico que acaba de llegar?

La multiconversación multiplica nuestra capacidad de llegar a personas diferentes en un corto espacio de tiempo. Pero hay que tener en cuenta que la intimidad requiere atención plena por lo que habrá que saber gestionar nuestra capacidad de comunicarnos en ese tipo de situaciones.


2.- Invasión de escenarios.
Otra de las características de compartir la vida digital y no digital es la invasión de espacios. Supongo que todos hemos experimentado las complicaciones que supone estar realizando una tarea y que llegue un aviso del teléfono bien sea porque ha recibido un correo electrónico, un mensaje del Facebook o de Twitter, un Whatsup o un SMS. La tecnología digital tiene la capacidad de hacerse presente, a través del teléfono, en cualquier momento sin discriminar, por supuesto, si se trata de un tiempo de descanso, de trabajo o de intimidad. Somos los usuarios quienes tenemos que establecer nuestros criterios claros sobre cuándo estamos disponibles o no. Luego necesitamos una cierto hábito y/o disciplina para no estar permanentemente reorganizándonos en función de los requerimientos que se multiplican al vivir en dos mundos paralelos. 


3.- La intimidad "on line" o 2.0.
A veces se habla de personas que se conocen y que se emparejan a través de la red como si fuera algo antinatural, tal vez fruto de la excesiva soledad. Se habla menos de ello pero hay gran evidencia sobre conversaciones y conducta sexual a través de los smartphones. Es evidente que en el siglo XXI se puede encontrar amor y satisfacción sexual a través de las redes. Los blogs, especialmente los personales,  y los chats contienen comunicaciones que también generan altas dosis de intimidad entendida como comunicación de aspectos importantes de la persona. La necesidad social del ser humano utiliza todas las vías para satisfacerse. Hoy la tecnología ofrece una nueva puerta de comunicación que usamos muchas personas con distintos fines comunicativos. El canal no genera por si mismo intimidad, sino que ésta tiene mucho más que ver con la voluntad de la persona de comunicarse, así como el grado de confianza que tenga en el canal.


Aunque solo es un esbozo del tema que desde luego da mucho más juego me gustaría terminar con algunas preguntas que guíen las siguientes conversaciones sobre el tema:


¿Qué experiencias de éxito personal y colectivo tenéis a la hora de gestionar la convivencia tradicional y digital entre distintas generaciones?

¿Cómo está cambiando el concepto de intimidad entre los usuarios de redes sociales y qué función cumplen éstas en la necesidad de autoafirmación de los individuos?


¿Cuánta de tu comunicación íntima, o de las personas más cercanas a ti,  se canaliza a través del smartphone?


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