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martes, 4 de enero de 2011

La pérdida. Algunas notas.

¿Qué es perder?


En una primera aproximación perder parece ser dejar de tener algo que era nuestro. El hecho de que haya una vinculación con el objeto de la pérdida es un elemento imprescindible que tener en cuenta. Nos duele la ausencia de las personas queridas, nos afecta la disminución de algunas capacidades y/o aspectos de la salud, nos contraría extraviar objetos que han costado mucho esfuerzo conseguir, nos entristece contar con menos ilusiones, ideas, creencias o valores.

Perder puede ser no ganar. Y no ganar puede no ser perder (un partido por ejemplo), o tal vez sí. Perder es siempre no luchar.

Perder es abandonar por rendición por derrota. Dejar atrás por evitar una pérdida mayor. A veces las fuerzas nos abandonan y nos rendimos, a veces son las ilusiones o las esperanzas las que se nos van y entonces abandonamos. Darse por vencido puede ser perder, aunque también es muchas veces ganar.

Perder es olvidar o descuidar lo que es importante.

Perder es extraviar o extraviarse, es no encontrar aquello que sabíamos donde estaba, o, desde un punto de vista personal, no encontrarnos cuando antes si sabíamos donde estabamos.

Perder es un hecho pero también lo es la interpretación que hacemos de esos hechos y que implica que se ha producido una pérdida. Por lo que además de las pérdidas reales existen también las pérdidas percibidas.

Perder es un viaje que se situa en unas coordenadas espacio – temporales que varían, desde la del instante de dejar de tener hasta la del momento en que la herida deja de sangrar, deja de doler y llega a cicatrizar.

Perder duele, frustra, produce impotencia, nos deja tristes, indiferentes, desesperanzados, aliviados. Perder puede generar odio o deseos de venganza, ganas de amar o de comunicarse. Pero esas son las emociones y sentimientos del momento de la pérdida. Cuando la pérdida evoluciona, cuando se desarrolla, se puede sentir identificación con quienes han pasado la misma experiencia. Puede llegar un punto en que la pérdida empuja a buscar a explorar a sustituir lo extraviado, por el contrario en otras situaciones la energía de la pérdida en evolución nos lleva a querer recordar y hacer del recuerdo un símbolo con valor. Al final la pérdida cicatriza con la aceptación pero ésta debe ser fruto del tratamiento adecuado de la misma, no del esfuerzo por negar, ignorar u olvidar lo perdido.

Perder es o perder, o una oportunidad. Todo depende de qué hagamos con ello.

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