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lunes, 14 de febrero de 2011

Elementos emocionales de la participación

Como persona con inquietudes sociales siempre he estado muy interesado en la participación en varias de sus diferentes variantes. Por una parte como educador voluntario siempre me interesó conocer las claves de la dinámica de grupos y de las estructuras organizativas sociales en las que militaba. Cuando me hice profesional de la animación sociocultural recuerdo haber trabajado los hábitos de participación, haber reflexionado para elaborar formación para participar o haberme peleado contra quienes entendían que lo cuantitativo era lo único que servía para medir participación y por ello la necesidad de plantear y diseñar métodos de evaluación.

Este ejercicio de reflexión surge de una invitación hecha a raiz de comentarios en el blog de Asier Gallastegi. Y solo quiero reflejar algunas pinceladas sobre una manera nueva, al menos para mi, de observar el fenómeno de la participación.

Parto de la lectura de algunos conceptos que me han parecido muy interesantes como el de la “participación genuina” que he encontrado en el blog de Eugenio Molini, y otras reflexiones como las de Cum Davis recogidas aquí: http://blog.cumclavis.net/2010/12/participacion-algunas-advertencias.html, http://blog.cumclavis.net/2010/07/participar.html.

Otro punto de partida personal es el de la apuesta por la participación como metodología de avance social y personal. Entiendo desde este prisma que participación y autonomía van de la mano, o mejor dicho deben ir de la mano. Creo que la sinceridad, honestidad, la actitud de colaboración a la hora de formar parte de un equipo, de un proceso, de una organización son indicadores de la participación efectiva. En ese sentido la participación es una meta, la materialización de un deseo individual o colectivo. Es evidente que la obligatoriedad coarta las posibilidades de una participación plena. También es cierto que no siempre, no todos los contextos permiten un estilo de participación de estas características, pero cuantos menos límites se impongan desde las estructuras más se podrá disfrutar de sus beneficios.


Motivos para participar

Un individuo desea participar en aquello que le va a aportar un beneficio. Este beneficio es subjetivo pese a que hay estándares de objetivación del mismo. El beneficio puede ser la gloria, el éxito profesional, el deseo de agradar a un tercero, la mejora colectiva, la ganancia económica, el deleite del trabajo bien hecho, la victoria sobre un rival, y muchísimos ejemplos más que dependen de esa lectura personal que el individuo haga del beneficio de la situación.

Todos los jugadores de fútbol desean participar en la jugada del gol de la victoria y, seguramente la mayoría, como autores finales del mismo. Los trabajadores toman parte de los proyectos de su empresa por el contrato que les unen a éstas con un mayor o menor grado de satisfacción profesional o incluso de desacuerdo técnico con el desarrollo de los mismos. La energía de los seres humanos contienen elementos emocionales que toman forma en intereses, expectativas, sueños, anhelos,… Si un individuo busca su éxito personal será difícil que no busque o use al grupo para sus intereses. Por lo que la participación encuentra, en la orientación de lo que cada individuo entiende como beneficio, un campo de juego limitante. El egoísta o el altruista orientarán de manera completamente diferente su actitud participativa puesto que sus metas con completamente opuestas.


Dónde empieza la participación: la identificación y la pertenencia.

Además de los beneficios estructurales, es decir los que obtiene la organización en la que las personas participan, hay algunos otros interesantes de analizar. La empresa, la organización, la entidad, la asociación, el colectivo marcan unos objetivos para la consecución de los cuales requieren de la participación de personas. Pero, ¿cuales son las claves para que los individuos tomen parte de los proyectos, y de entre ellas cuales son las que tienen que ver con nuestras emociones?

-          La identificación. Aunque no participemos en muchas ocasiones estamos predispuestos a hacerlo. En la medida que simpatizamos con los objetivos, las personas, la historia o cualquier otro elemento que conforma un proyecto, en la medida que vemos parte de nosotros reflejado en ello participamos o estamos dispuestos a hacerlo.
-          La pertenencia. En relación con la anterior la pertenencia nos indica una vinculación emocional con el proyecto. La diferencia con respecto de la identificación es que la pertenencia tiene que  ver con la trayectoria experiencial de la persona. Por ello se puede sentir pertenencia pero no identificación. Esta vinculación es un factor muy importante que trabajar con las personas que ya forman parte de los proyectos, puesto que la relación que los individuos establecen con su vínculo es determinante para el tipo de participación que realice.


Variables emocionales de participación.

Participar es también un valor y esto me resulta incuestionable. Pero lo que si requiere de mayor análisis es el tipo de participación. Una persona aporta al tomar parte pero no siempre ni resulta positivo ni está realizado con buena intención. El vínculo que establece la persona con la organización, con la meta o con el grupo humano determina la actitud colaboradora o no. Muchas ocasiones las organizaciones gastan muchas energías en salvar obstáculos puestos por los mismos miembros de la entidad. Veamos algunas variables:

-          Energía, ilusión o entusiasmo. Se trata de un componente netamente emocional de la motivación. Suele estar relacionada con la experiencia acumulada y el tiempo de participación y tiene una patología muy conocida que es el “síndrome del quemado”. El tiempo y el balance de la experiencia son factores que modulan la ilusión. Al igual que le sucede a un corredor cuanta más larga es la distancia por recorrer más hay que dosificar las fuerzas. La gestión de la ilusión como fuente de regeneración de la motivación es un aspecto que tener en cuenta.
-          Percepción de libertad. La identificación correlaciona con el grado en que se es autonomo tanto en el proceso de decisión por el que uno toma parte en algo, como en el papel o en las funciones que uno adquiere al materializar su participación.
-          Aportación personal y su valoración. Indudablemente la ubicación en un grupo o varios grupos dentro de una red, de una comunidad, del desempeño de una tarea es otro factor determinante para la satisfacción de la experiencia participativa. Por otra parte resulta indispensable poder observar cómo el trabajo de uno es necesario para alcanzar la meta común.
-          Percepción de desarrollo personal y/o profesional. Las espectativas personales, las inquietudes forman parte de otro universo que considerar desde el punto de vista emocional. En la medida que la participación conlleva el desarrollo personal la autorealización será un elemento que puede ayudar a mantener alta la motivación.
-          Liderazgo. Indudablemente todas las interacciones que se producen en el seno de las organizaciones producen múltiples conflictos que en la medida que sean gestionados de manera adecuada podrán atajar las diferentes cargas emocionales negativas que se puedan generar. Un estilo de gestión adecuada de los mismos resultará de gran importancia para que los miembros confien en la organización y en su capacidad de liderazgo.


Entrenamiento emocional de la participación.

En la medida que la participación es algo que se aprende, que se educa y que puede ser también un hábito, en esa misma medida podemos entrenar sus componentes emocionales. Siguiendo con la argumentación del apartado anterior pistas para este trabajo serían las siguientes:

-          Manejo de ilusiones. La energía con la que afrontamos nuestros proyectos resulta un indicador del grado de satisfacción de nuestra participación. Es importante poder descubrir los elementos que a cada uno nos aportan estas ilusiones tan necesarias para tener una experiencia gratificante de la participación. Invertir un tiempo en identificarlas, en aumentar su número lacalizando más, aprender la manera de renovarlas son tareas
-          Manejo de la identidad y la autonomía en entornos organizacionales. Trabajar en grupo, en un contexto organizacional supone navegar entre la identidad personal y la colectiva, entre la autonomía como individuo y la interdependiencia del colectivo. Es necesario conocer los límites en los que cada uno puede desarrollarse e enriquecer a los demás, así como es importante poder enfrentar adecuadamente los conflictos personales y grupales que estos equilibrios puedan generar.
-          Manejo de la valoración personal. Valorar y sentirse valorado es un arte cuyo entrenamiento resulta muy satisfactorio para disfrutar de una experiencia participativa eficaz.
-          Manejo de la autorealización. En la medida que el balance de la participación contribuye a la mejora personal esta experiencia será más satisfactoria. Pero sería necesario trabajar la medida en que la participación debe dejar este poso positivo el bagaje personal de cada participante.

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