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martes, 19 de abril de 2011

Creencias contra emociones en los conflictos personales

Uno de los temas del campo emocional que más me motiva a trabajar y más me interesa es el de los conflictos personales en los que intervienen las emociones como protagonista. En concreto la reflexión de hoy tiene que ver con el choque que a veces se produce entre creencias y emociones. En este post me referiré al concepto de creencia desde un punto de vista amplio, no limitado al ámbito de la religión.

                                                 Conflicto emocional

El efecto de este encontronazo es triple. Por una parte está el shock de la contradicción que paraliza nuestra capacidad de actuar, que nos deja quietos, a la espera de encontrar una respuesta. En segundo lugar el impacto hace que, con mayor o menor intensidad,  revisemos nuestras creencias con el objeto de reafirmarnos en ellas. Y en tercer lugar nuestras emociones nos sitúan en la encrucijada del conflicto interno con la evidencia de que una parte de nosotros está reaccionando en contra de lo que en teoría debería.

Puede resultar una de las situaciones más incapacitantes y frustrantes de todas las que pueden vivir los seres humanos. No se trata tan solo de un ejemplo de la clásica lucha entre razón y emoción. Es mucho más que eso, puesto que se pone en tela de juicio la concepción de las propias creencias y, ademas, a la vez, se produce una batalla emocional entre sentimientos enfrentados.


- Bloqueo por imposibilidad de encontrar respuestas.
El conflicto bloquea al individuo, le genera la inseguridad de enfrentarse al vertigo de no encontrar respuesta válida. En esa situación se genera un proceso circular de revisión permanente de los factores que protagonizan en choque. Se testean las creencias y las emociones en un círculo vicioso sin salida cuyo objetivo es localizar una respuesta que no llega, ni llegará por esa vía. Una vez constatada la imposibilidad de salir hay que replantear el problema de manera diferente, volver atrás desde el principio y descubrir sendas nuevas, posiblemente no exploradas.



- En el campo de la batalla: lo que creo contra lo que siento.
Si adoptamos el modelo belicista de la confrontación habrá una parte que resulte  vencedora, la que con más fortaleza logre ubicarse en el campo de batalla del sujeto. Esto generará una respuesta, una vía de salida al conflicto, pero también generará daños colaterales a considerar. El factor perdedor resultará minusvalorado o incluso eliminado del primer plano de la realidad del sujeto. En cambio si tomamos el propio conflicto como señal de alerta más allá de los factores que lo generan, y conseguimos integrar los elementos que lo protagonizan, si conseguimos una cierta convivencia de los elementos intervinientes podremos encontrar caminos por los que avanzar otro tipo de respuestas más satisfactorias psicológicamente. También es cierto que esto no siempre es posible. Aun en el caso de tener que inclinarse por una de las dos partes en conflicto es importante gestionar adecuadamente las consecuencias de la derrota del otro elemento.

- La priorización de razon frente a emoción. Consecuencias.
Culturalmente estamos más habituados a prestar atención a nuestras creencias que a nuestras emociones. De hecho, el nacimiento del movimiento en relación a la inteligencia emocional es bastante reciente y es en esta última década cuando ha ido tomando fuerza. Las consecuencias clásicas de confiar más en razón que emoción ha sido varias: la minimización del papel de las emociones en la vida del individuo, la ocultación de los aspectos más incómodos para nuestras creencias de estas emociones, o la generación de problemas psicológicos más serios por ignorar los factores emocionales.

- Desconfianza contra el mundo emocional.

En general se permite desconfiar de la visión del mundo que nos dan nuestras emociones pero no se cuestionan de igual manera las creencias. El hecho es que la intensidad emocional confunde y aturde nuestras capacidades cognitivas y volitivas. Pero no es menos cierto que convivimos con pensamientos erroneos y creencias mágicas. Hay que comprender que tanto sentimientos como pensamientos forman parte de nosotros y nos aportan información relevante; de la misma manera que hay que estar alerta sobre equívocos a los que ambos nos pueden llevar.

- La flexibilidad aplicada al conflicto.
Poner en cuestión nuestras creencias debe ser un ejercicio para profundizar en ellas. Este proceso de investigación, de interiorización lleva implicita la duda cartesiana, la flexibilidad de entender nuevos matices que enriquecen y hacen evolucionar nuestros pensamientos, nuestras concepciones. Poner en relación nuestras creencias con nuestras emociones y observar cómo se comportan ambas combinandose, interactuando. Siempre habrá que optar y una quedará más satisfecha que la otra. Pero gestionar el conflicto desde un punto de vista eficiente emocionalmente exige contemplar las consecuencias de las decisiones tomadas, los posibles daños generados, y trabajarlos.  Solo así podremos encontrar una paz estable que nos equilibre como seres humanos y nos permita seguir viviendo, seguir aprendiendo, seguir avanzando.

                                               Flexibilidad e imaginación

1 comentario:

  1. Es difícil conocerse a uno mismo. No sabemos expresar nuestras emociones.
    El que domina a los otros es fuerte; el que se domina a sí mismo es poderoso.
    Lao-tsé

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