Red de colaboradores

Si disponéis de 5 minutos os invitamos a colaborar en el estudio que estamos haciendo pinchando en el enlace dentro de la pestaña CUESTIONARIOS. Todas las personas interesadas en formar parte de la red de colaboradores ponganse en contacto indicándonoslo a través del mail: emocionarse@gmail.com

Si además os interesa compartir reflexiones sobre cómo mejorar nuestras emociones en la pestaña RED hay una propuesta interesante a la que os podéis sumar.

lunes, 18 de marzo de 2013

Culpa

Sentir culpa es llevar un peso
Hace mucho tiempo que quiero dedicar un post a la culpa, uno de los sentimientos más destructivos que he conocido. Tengo tendencia a centrarme más en el desarrollo, en los elementos positivos, si seguís este blog lo sabreis. Pero sucede que creo que la mirada emocional debe ser completa y por lo tanto detenerse, también, en emociones ariscas, dificiles de manejar como ésta.


Parto de la base de que todos debemos sentir culpa porque está unida a la responsabilidad. No ver mi culpabilidad en nada de lo que hago o de lo que sucede a mi alrededor es un claro indicio de irresponsabilidad, de falta de madurez personal. 

Pero la verdad es que me he tropezado muchas más veces con la reacción contraria, es decir, con la excesiva culpabilización que en ocasiones linda con el autocastigo. Esta manera de vivir la culpa es la que motiva mis palabras y sobre la que quiero centrarme.

La culpa es el dolor que nos causa errar, fallar, equivocarnos. La intensidad del dolor está en función de la percepción del daño que se haya causado. El conductor que ha ocasionado un accidente con victimas mortales es probable que sufra una culpa mucho más intensa que el que ha extraviado su tarjeta de crédito. Otro factor que interviene es la atribución que la persona conceda al fallo, es decir, cuanto sea capaz de admitir la posibilidad de cometer ese error. Siguiendo con el ejemplo del accidente de tráfico no es lo mismo que la causa haya sido un problema de salud no detectado que una acción temeraria o irresponsable.

En cualquier caso el dolor de la culpa se relaciona con la percepción de daño y de la propia responsabilidad en éste y con la capacidad de admitir errores.


El dolor de la culpa
Como cualquier otro dolor la culpa tiene necesidad de tiempo, de recorrer un espacio de silencio para transformarse. Hay culpas con las que uno debe vivir siempre, otras seguramente podamos olvidarlas. Por una parte está manejarse con el daño ocasionado y el que nos perdonen o nos perdonemos. Luego seguramente haya que lidiar con nuestra autoestima que debe asumir que nos equivocamos, que fallamos en algo que no debimos fallar. Y por último nuestra propia responsabilidad debe hacer frente, asumir lo que significa saber que nos hemos comportado con irresponsabilidad. 

Todo esto puede resultar un camino bien complejo, tanto que hay personas que nunca se liberan de las culpas, que nunca pueden seguir adelante puesto que la losa pesa demasiado.


Para todos ellos algunas propuestas:

- Intenta conseguir el perdón de quien haya sufrido daño. Pero sobre todo perdonate a ti mismo. Si hiciste algo intencionadamente te podrás perdonar en cuanto admitas con sinceridad tu equivocación. El dolor que infligiste te acompañará junto con la culpa por haberlo ocasionado pero cada día a partir del que te perdones será una oportunidad para hacer, para sumar acciones que ayuden a otros, que te conecten con el arrepentimiento a través de la suma de experiencias de signo contrario.

- Quererse bien, tener una estima personal adecuada, tiene mucho que ver con aceptar equivocaciones. No somos perfectos, solo podemos intentarlo con todas nuestras ganas. Cada error es un motivo por el que mejorar, por el que seguir aprendiendo. El error en este sentido sería considerar que un fallo anula todas nuestras facetas, toda nuestra potencialidad, que desde luego, es mucho mayor.

- Hay culpas que nos dejan desnudos ante nosotros. ¿Qué tipo de personas somos? Si nuestra irresponsabilidad ha tenido un papel importante es hora de que cambiemos. Hacer del error motor de cambio es una buena manera de enjuagar el dolor de la culpa.



Se podría hablar mucho más, como siempre, pero en el fondo solo es el inicio de una conversación. Somos lo que somos también por las cicatrices que dejan las culpas que acumulamos, por los errores cometidos, por los daños causados. Pero también somos nuestra capacidad de convivir con ello, de aceptarlo, de rehacernos y de superarnos.


ACTUALIZACIÓN 18/6/2013.
Gracias un poco a mi afición de navegar por la red, otro poco a la suerte y también a la amabilidad de la autora, querría compartir los trabajos que sobre el tema de la relación entre verguenza y culpa ha desarrollado Itziar Etxebarria y que podeis encontrar a través de este enlace
http://www.ehu.es/pbwetbii/itziweb/

4 comentarios:

  1. Hola Pablo.
    Escribe una mujer que ha vivido con culpa... vive con menos culpa... y espera poder liberarse de la culpa. El artículo lo enfocas solo en el caso de que alguien haya hecho algo malo y se sienta culpable por ello. Pero yo te propongo un reto: ¿qué pasa con aquellas personas que hemos vivido sufriendo por una culpa que no nos corresponde? ¿Cómo se resarce eso? ¿Por qué me he sentido culpable si yo no he hecho daño a nadie? Realmente he vivido con traumas. Se puede decir que he sido víctima: he sufrido mucho por cosas que yo no podía ni puedo controlar; no soy yo la que tiene que actuar. Solo me ha tocado vivir con ello (en un principio, con ignorancia; ahora, con conocimiento)pero aún así, es sufrimiento, menos cada vez, pero sufrimiento... ¿Qué hacer?
    Me encanta la psicología y todo lo que tiene que ver con el desarrollo emocional. Acabo de descubrir este blog. Espero poder aprovecharlo y disfrutarlo.
    Muchas gracias y un saludo.
    Cristina.

    ResponderEliminar
  2. La culpa... Toda una vida con la culpa en mis espaldas. Nos educaron como pudieron y les dejaron. Nos hicieron unos machos cabríos y la mujer era un objeto de placer que había que aprovechar. Miedos y tinieblas se cernían a nuestro alrededor, el pecado estaba ahí no había paz si no pasabas por la garita del hombre de negro y luego salías y más de lo mismo. La vida te enseñaba por el ejemplo que veías que con confesarte ya estaba todo solucionado. Seguías siento un putrefacto hasta la saciedad.
    Descubres que todo era una gran mentira y que los seres humanos nacemos para compartir la vida y te lanzas a tumba abierta sin recato buscando ese camino que no te dijeron que existía. Descubres y te duele lo andado, y maldices a aquellos que te rompieron la vida. Pero la fe mueve montañas y buscas un nuevo camino. Cambias el rumbo de tu vida y dejar que las aguas de, los ríos te lleven a donde encontraras un remanso de paz y de cordura.
    El cambio es posible..., duro pero posible. La libertad esta ahí al alcance de tu mano. cuesta y dejas mucha sangre en las veredas. Puede que sea n los años que te hacen más sensible y el dolor te fortalece y te hace ser más humano y piensas en los demás sin esperar nada a cambio. Ese es el secreto de muchas vidas DAR SIN ESPERAR RECIBIR NADA MAS QUE BOFETADAS. Pero las aguas de los ríos se canalizan y se hacen potables y nos hacen la vida vivible.
    Puede que los sueños sean solo sueños, pero queda la esperanza en algunos corazones que nos educaron para sobrevirar en el infierno que nos toco vivir y por ello hoy nos sentimos culpables. Nunca se puede justificar lo hecho pero si tratar con todas tus fuerzas (Y se puede), cambiar y ayudar a esta sociedad que adolece de humanidad cuando ves que los que más tienen imponen lo contrario que predican.
    Yo también siento una sensación de culpabilidad por todo lo que me hicieron de niño, pero no podrán con las nuevas ilusiones que me encontré con el trabajo y la cultura. La que me negaron las mentes retorcidas, que no justifica lo que yo haya hecho con mi vida, por eso mi lucha por cambiarla ya que el horizonte esta si miras a lo lejos cuando te subes a una montaña, y sigues caminando hasta encontrarte con el fin de tus días con las manos llenas de esperanza.

    Un abrazo Pablo…, y gracias por dejar esta ventana cuando alguien la necesita

    Antonio

    ResponderEliminar
  3. Hola Pablo.

    Me gustaría compartir mi pensamiento sobre "la culpa".
    Personalmente... el sentimiento de culpa por haber causado dolor a alguien por mis actos... son relativamente "gestionables". Me refiero de que en muchos casos (entiendo que no en todas) existe una acción que ayudaría mitigar el sentimiento de culpa. Por ejemplo, un simple reconocer el daño causado al otro y pedir disculpas desde el corazón.

    Lo que me sucede es cuando la culpa es generada por uno mismo la cosa se complica mucho. En mi caso, cuando entra en una confrontación entre un Querer y Deber... ¡ahí está la culpa instalada dentro de mí!

    En este caso no hay quien sufre más que uno mismo, la victiva y causante está dentro. Y realmente... no me resulta nada sencillo de "perdonar a uno mismo". Si optas por "Querer"... me siento culpa por no haber cumplido con mi "Deber" y por contra, si la balanza se desequilibra y gana siempre el "Deber"... también me siento culpable por no cuidarme (de mi alma, mi cuerpo, lo que sea).

    Buf... vaya tema lo de "la culpa". Enhorabuena por el post.

    Yuri

    ResponderEliminar
  4. Se suele decir en la mayoría de los casos,¿"Por qué todo el mundo quiere la razón y nadie quiere la culpa?
    Un buen remedio para toda clase de culpas es:reconocerlas.
    Cuando hago mal lo mejor es pedir perdón a la/s persona ofendida ¿difícil?..pero no imposible.A mi personalmente,me libera.
    Si es al contrario,me han ofendido a mi,tengo que buscar los medios para no caer en lo que llamamos venganza,esto parece duro,pero hay que superarlo.
    Tengo que ser realista,mientras yo esté pensando en el daño que me ha hecho no estaré tranquilo,lo mas normal y casi nunca hacemos es perdonar.

    ResponderEliminar

Se ha producido un error en este gadget.

Visitantes