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viernes, 15 de marzo de 2013

Orientación emocio-vocacional

De profesión feliz. Forges
Hace unas semanas acudí a una sesión de puertas abiertas de un centro educativo al que mi hijo mayor puede que vaya a estudiar el año que viene bachillerato. He de reconocer que parte de mi perplejidad con algunas de las cosas que me rodean tiene que ver con lenguajes que no domino o con cambios que me he perdido. Por lo que, teniendo como referencia mi pasado de estudiante de la EGB, el BUP o el COU, la actual configuración de los estudios, del acceso a la universidad y cuestiones adyacentes me tenía ciertamente perdido.

Pero en realidad lo que motiva el post es compartir algunas reflexiones que he tenido a raíz de esa visita y de mi exposición tanto a los conceptos, como a los itinerarios educativos, o a la necesidad de orientar a los adolescentes en todo este galimatías.

La primera reflexión es un previo que no vi, que eché en falta. No tiene mucho sentido intentar responder preguntas sobre qué voy a estudiar en la universidad o si elijo itinerarios de ciencias o de letras sin considerar un poco cómo esta el mundo tanto en lo que se refiere a la convulsión derivada de cambios rápidos y contínuos, como a la afección por la crisis que estamos sufriendo. Tal vez haya quien piense que mejor no tocarlo para no quedar en evidencia sin respuestas claras que ofrecer. Pero, lo siento, creo que la responsabilidad de adoptar decisiones que van a empezar a marcar trazos más o menos fuertes en una vida se deben de tomar desde la respuesta consciente asumiendo la incertidumbre que pueda conllevar.

Sentado entre los padres de los compañeros de mi hijo me sorprendió observar tensión en algunos de ellos preocupados por la exigencia del centro, por ejemplo, o la imposibilidad de cursar tal asignatura en segundo de bachiller. Desde el centro sí se explicó claramente que el sentido que tenían esos dos años de bachillerato era el de obtener la mejor calificación posible para el acceso a la universidad. ¿Vamos a pasarnos más de dos años trasmitiéndoles tensión, ansiedad con respecto de un futuro que es más incierto que nunca?
Yo también fui a EGB

Hubo una madre que casi al finalizar la visita explicó alarmada que no había oído ninguna referencia a la felicidad de los chavales, tan solo al rendimiento, a la selectividad, a la carrera por la mejor posición que les permita elegir su futuro. Pareció una marciana pero tenía mucha razón después del recorrido que nos dieron.

Claro que hay que hacer orientación vocacional pero ¿no va siendo hora que incorporemos a ésta la emocional? Una orientación que enseñe a los jóvenes a navegar con calma entre las olas de las incertidumbres, a manejarse con soltura ante la tensión de la competitividad, a sentirse seguro sabiéndose vulnerable y, sobre todo, a distinguir que por encima de todo esta su felicidad, que ni siquiera es el destino sino el camino.

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