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jueves, 2 de agosto de 2012

Cómo sentirse optimista

Cara de optimismo
Soy optimista. Me identifico con la idea, la certeza y la creencia de que las cosas pueden ir a mejor. Pero para mi el optimismo es más que una actitud, más que un pensamiento positivo, se trata además de una emoción. No es que crea que hay posibilidades de que algo salga bien, sino que siento que es así. La diferencia radica en que el pensamiento se puede falsear, pero la emoción no.

Todo surge de la lectura de un sugerente post del blog Psicoteca de Nerea Ortega (@cyllan), dedicado a la divulgación de la psicología científica, titulado ¿Es el optimismo real o simple charla barata?. Sin entrar en grandes profundidades teóricas si creo que merece la pena hacer algunas reflexiones en voz alta:


- Es importante seguir avanzando en centrar el foco de la atención colectiva en todos aquellos aspectos que nos acerquen a ser más felices, que nos enseñen caminos para conseguirlo, y la reflexión del post de Nerea lo hace.

Surfeando emociones
- Hay que buscar emociones positivas que empujen nuestra conducta hacia donde nos queramos dirigir. Bien sabemos de la intensidad de alguna de las manifestaciones de las emociones en nuestra vida, así como de la dificultad de bajarse de ellas una vez subidos, como si fueran olas que debemos surfear.


- Parto de la base de que el optimismo puede ser también una emoción positiva vinculada a sentirse capaz, seguro de las propias posibilidades, con sentir esperanza, con estar ilusionado e incluso, a veces con sentir euforia. La compensación emocional de sentir este tipo de optimismo inteligente es muy fuerte por lo que resulta un excelente motivador generador de conducta enriquecedora y de cambio personal.


- Como creo que al igual que el pensamiento, la emoción también puede moldearse, manipularse o entrenarse (dependiendo de quien sea el que dirija el proceso) que es de lo que tratamos en este blog. La pregunta entonces es:


¿cómo podemos ser optimistas?

Hay evidencias que indican que podemos contagiarnos. Es por esto que preferimos estar con gente que nos trasmite ésto en vez de personas que comparten su pensamiento y emoción pesimista. Pero si queremos ser nosotros mismos fuente de nuestro optimismo deberíamos:


CULTIVAR LA FANTASIA Y LA CREATIVIDAD. La capacidad de imaginar distintos escenarios futuros es un factor fundamental a la hora de sentir la posibilidad de alcanzarlos. Se trata también de poder reformar y rehacer o repensar con agilidad nuevas opciones que nos aparecen con los giros imprevistos que la vida va dando.


Alimentar los sueños a diario
CREER EN NUESTRAS POSIBILIDADES. Afortunadamente el ser humano tiene capacidades sorprendentes y cada uno de nosotros dispone de un repertorio de ellas inexploradas que nos permiten ser conscientes de nuestra permanente capacidad de superación. Podemos confiar también en nuestras fortalezas, en aquellos aspectos que la experiencia nos ha demostrado que sabemos hacer bien. y además si contamos con un grupo, un equipo o un colectivo las posibilidades mencionadas se multiplican.


ALIMENTAR NUESTROS SUEÑOS E ILUSIONES A DIARIO. Para complementar la función de la imaginación hace falta el ejercicio diario de usarla aplicándola en nuestra vida. De esa forma podemos explorar nuestros deseos, construir ilusiones, decorar las metas y deleitarnos mientras lo hacemos.


SER FELIZ. Tal vez parezca simple pero: ¿qué mejor atalaya para observar la vida de manera optimista que el balcón de la felicidad? 

2 comentarios:

  1. Hola Pablo,

    Estoy muy de acuerdo en que el optimismo ahora más que nunca es necesario, esa dosis de moral que nos permita seguir luchando y sonriendo.

    Hay una cosa que aprendí en la carrera, que siempre me ha ayudado. La clave de la felicidad está en tener bajas expectativas. Si no esperas muchísimo de la vida, y de la gente, las cosas malas que vengan no te hundirán en la miseria, pero las buenas te harán muy muy feliz.

    Un abrazo y hasta pronto!

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  2. Aupa Nerea!!!! Gracias por pasarte y dejar huella. Me has dejado pensativo con respecto a la clave que das sobre que las bajas expectativas facilitan el camino de la felicidad. En un primer momento pensé que no lo compartía, que me resultaba demasiado conformista. Lo he dejado reposar unos días y cada vez lo veo mejor. Tal vez lo que sucede es que se me queda corta la explicación. Para mi uno debe ser rico en sueños, pero pobre en expectativas. Debo sentir que pueden pasar cosas grandes pero no vivir esperandolo. Algo así me deja mucho más satisfecho. Un beso. Pablo.

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